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Estado de emergencia
El viernes 22 de septiembre, a las cinco de la tarde, la Argentina quedará desconectada de la Red Internacional de Investigación y Desarrollo, una pista teleinformática que ofrece comunicación electrónica a gran velocidad entre universidades y centros de investigación, y de ese modo la posibilidad de que los cientÃficos argentinos establezcan trabajos de cooperación con otros paÃses, aprovechen programas de capacitación a distancia o utilicen equipamiento que se encuentra a miles de kilómetros.
Es el único acceso que tenÃa el paÃs a lo que se da en llamar Internet 2, que provee transmisión de datos a 90 megabytes por segundo, algo que serÃa imposible a través de la Internet convencional.
Para valorar la trascendencia de esta pérdida valga recordar que algunos de los usuarios de esta infraestructura tecnológica superlativa son el Observatorio de Rayos Cósmicos Pierre Auger, el Servicio Meteorológico Nacional y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales. Y que permite, por ejemplo, participar de reuniones de evaluación a través de videoconferencias o trabajar en cualquier parte del mundo sin salir del paÃs. Integrar la ciencia local al mundo, en suma.
Como suele suceder, esta desgraciada situación es la culminación de una serie de imposibilidades, malentendidos y disputas sin sentido.
En la Argentina, la red avanzada comenzó a desarrollarse a partir del proyecto Retina, de la asociación civil Ciencia Hoy, formalmente autorizada por la SecretarÃa de Comunicaciones de la Nación y con aportes de la Fundación Antorchas. En 2003, con financiación del Programa@LIS, de la Comunidad Europea, se formó la Cooperación Latinoamericana de Redes Avanzadas (Clara, http://www.redclara.net ), que agrupa redes académicas de diez paÃses de la región y, a su vez, participa en el proyecto Alice de la Comunidad Europea, la red paneuropea de investigación y educación.
El problema es que si bien este último programa se hace cargo del 80% de los costos de Clara, exige de los paÃses latinoamericanos que la integran una contraparte del 20%, que en este caso consiste en un aporte de 150.000 euros anuales por paÃs. La Argentina no honra este compromiso por segundo año consecutivo.
Es fácil advertir que, por tratarse de acuerdos internacionales, la falta de pagos de un socio amenaza el avance de todo el proyecto y que la suspensión del servicio implica un retroceso inadmisible para los investigadores argentinos.
Para superar el obstáculo (y dado que se trata de un servicio restringido que necesita sà o sà de subsidios del Estado), la SecretarÃa de Ciencia, TecnologÃa e Innovación Productiva y el Conicet acordaron con Ciencia Hoy hacerse cargo de Retina y sus compromisos internacionales, e incluso propusieron un ambicioso plan para multiplicar el número de centros de investigación que lo aprovechan en todo el paÃs.
Hasta se presentó un documento conjunto que respaldaba esta estrategia y hubo un compromiso verbal con los restantes socios de Clara de que se buscarÃa una solución del problema.
Pero aunque todos los involucrados están de acuerdo en que la red pase a la órbita del Conicet -y al mismo tiempo se inicie una auditorÃa de la deuda-, la SecretarÃa de Comunicaciones se rehúsa a dar el visto bueno.
Los socios de Clara habÃan dado un ultimátum para que el paÃs mantuviera su calidad de socio: debÃan recibir un compromiso de pago de los aportes. Y el plazo venció el viernes último.
Seguramente todos los que tienen algo que ver en este enojoso problema tienen parte de la razón, pero sólo una dosis de buena voluntad permitirá resolverlo. Si no, será la ciencia local la que pagará las consecuencias. Y decir "la ciencia", es decir el paÃs, en definitiva...
Por Nora Bär
URL:http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/cienciasalud/nota.asp?nota_id=841911
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