Año 4 Nº 37 - Diciembre 2005 Ediciones anteriores

 
 En este número:
 
Sobre proyectos y utopías....
Ciclo Conferencias sobre Telecentros
Mapeo de Alcances
Psicología del aprendizaje online
Internet impulsa antigua artesanía en Belén.
Internet pone a los escritores a disposición de sus lectores
Claves para que la tecnología no afecte la salud
Último momento!: Ya está disponible el parche de Windows
Más del 90% de las PC están amenazadas
En Argentina se necesitan cinco sueldos para acceder a una notebook
Trabajadores virtuales en ascenso
2006, el año que le abre las puertas al hogar digital
El usuario gana protagonismo en Internet
Crearon una PC que reconoce los sentimientos
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Crearon una PC que reconoce los sentimientos

Mientras estoy sentado conversando con ella se me ocurre que mucha gente podría considerar a Laura la pareja ideal: entiende, no se enoja cuando ignoro sus sugerencias, reconoce que uno está bajo mucha presión y me ayuda en todo lo que puede para que logre cumplir mis objetivos. Tal vez, Laura y yo podríamos tener un maravilloso futuro juntos...

Exagero. No pienso huir con una computadora, aunque mientras le cuento mi régimen semanal de ejercicio, me siento extrañamente comprometido en la conversación. Y admito que algunas personas ya han perdido toda perspectiva racional sobre Laura, la primera computadora capaz de reconocer los sentimientos del usuario.

“Incluso, algunos que la conocieron nos han dicho que sentían que le gustaban a Laura –señaló Rosalind Picard, una de las creadoras del personaje de software–. Fue algo realmente rarísimo.â€

Picard, experta en computación del reconocido Media Lab del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), dirige el Grupo de Computación Afectiva, que diseña software capaz de reconocer y adaptarse al estado emocional del usuario. Y los personajes como Laura pueden ser, según parece, emocionalmente inteligentes.

Sus gestos amistosos y comprensivos y una voz suave logran subvertir mi conciencia racional, que me avisa que estoy hablando con una máquina. Cuando me levanto, quedo con la extraña sensación de que acabo de disfrutar de la compañía de "alguien" que vive dentro de una computadora.

Esta sensación, embarazosa, se da porque la emoción es más importante que el pensamiento racional. "En lo que se hace y en cada decisión tomada, la emoción tiene un rol", dijo Clifford Nass, sociólogo y experto en informática de la Universidad de Stanford. En uno de sus estudios, adultos que aprendían inglés como segunda lengua mejoraron su desempeño en un 27% cuando un compañero digital dentro del software los felicitaba por las respuestas correctas. Las respuestas incorrectas eran recibidas con simpatía y comentarios como "Esa era una pregunta verdaderamente difícil".

En otro trabajo en simuladores de manejo, hubo un 50% menos de accidentes automovilísticos cada vez que la voz de un personaje de software calmaba a los usuarios. Y Picard prevé aplicaciones similares para las computadoras capaces de reconocer el estado de ánimo o, por ejemplo, cuando un estudiante se siente frustrado: en el momento justo, una voz calma afirma "Puedes hacerlo" o "La mente es como un músculo... Si la ejercitás, se hace más fuerte".

Críticas al modelo

La computación afectiva también tiene sus críticos. "Las computadoras no deberían ser más inteligentes que un lápiz", opinó Ben Shneiderman, experto en informática de la Universidad de Maryland. Para él, la gente que usa computadoras necesita sentir que controla y domina la tecnología. Crear la ilusión de que la máquina tiene sentimientos, opinó, instaría a las personas a no hacerse responsables de sus acciones ni de las consecuencias de usar las máquinas.

Jaron Lanier, pionero de la realidad virtual, es aún más directo: "Si las personas confunden la computadora con un ser humano, la explicación es que la computadora se volvió inteligente o que la persona se volvió estúpida -sostuvo-. Hemos aprendido a aceptar una cierta cantidad de falsa emoción en nuestras vidas, sobre todo en los actores y en los políticos. Pero si nos engañamos creyendo que la computadora se preocupa por nosotros, tal vez nos estemos volviendo más estúpidos en el plano emocional".

Pero Picard desestima las críticas. "Dicen que como aún se sabe muy poco de las emociones y no existe una teoría de la emoción válida, nuestro trabajo es prematuro -comentó-. Pero no necesitamos una teoría de la emoción para equipar con empatía un agente digital."

Y hay pruebas de que las máquinas con inteligencia emocional ya han mejorado la vida de las personas.

Por ejemplo, el rostro franco y los modales suaves de Laura ayudaron a muchos a cumplir con un programa de ejercicios. "[Su personalidad] es como una serie de opciones de decisión, en forma de árbol, que representan los diferentes fragmentos de conversación", explicó Timothy Bickmore, su creador y profesor de Northeastern University, en EE.UU. Según Bickmore, Laura estará en las computadoras hogareñas dentro de unos 5 años.

"¿Cómo está hoy?"

Cuando Laura le pregunta al usuario "¿Cómo está hoy?", el software evalúa la respuesta y elige la apropiada entre una cantidad amplia de posibilidades. Otra parte del programa controla lo que Laura dirá y diseña su respuesta eligiendo expresiones, gestos, tonos de voz y otros "atuendos" emocionales. También compara lo que dirá con lo que ya ha dicho antes y determina qué elementos contienen información nueva y les agrega mayor énfasis.

Otro rasgo clave de las relaciones duraderas es la capacidad de reconocer estados de ánimo y saber cuándo no inmiscuirse. Si esto no ocurre, uno tiene algo como el despreciado "asistente" de Microsoft, Clippy, ese pequeño clip que irrumpe en pantalla para ofrecer su ayuda. Incluso sus creadores reconocen que si uno está tratando de concentrarse y aparece el icono del clip al que nadie llamó, lo más probable es que obstaculice la productividad. "La interrupción de la concentración y la pérdida de tiempo seguro enfurecerían a cualquiera", consideró Picard.

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Por Bennett Davis
De NewScientist

Traducción: Mirta Rosenberg

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