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Experiencia de dos teletrabajadoras noveles en Nodo Traducciones AAT
Comenzamos a colaborar en AAT debido a que somos estudiantes del Traductorado Público, Literario y CientÃfico-Técnico que se dicta en la Universidad de Belgrano, y la facultad nos exige que realicemos una práctica. La Decana, Raquel Albornoz, nos puso en contacto con la Lic. Angélica Abdallah, Presidenta de AAT. Hablamos una vez por teléfono y concretamos una entrevista junto con el Traductor Público Horacio Dal Dosso. Antes de asistir a la entrevista visitamos el sitio Web de AAT, ya que nunca antes habÃamos escuchado hablar acerca del teletrabajo. Esto constituye una paradoja singular ya que la mayorÃa de los traductores son teletrabajadores.
Sin tener demasiado en claro de qué se trataba el tema, asistimos a la reunión donde nos conocimos y nos explicaron en forma breve y concisa de qué se trataba el mundo del teletrabajo. De repente, empezaron a llover preguntas sobre algunos temas de computación. Con mucha vergüenza, tuvimos que admitir que no sabÃamos algunas cosas o que directamente no las conocÃamos. ¿Qué era el Acrobat Reader? ¿Qué era una lista de correo? ¿Cómo se configuraba el Outlook Express? La charla fue amena y tanto Angélica como Horacio, responsables de coordinar la actividad, nos trataron con respeto nos explicaron todo con mucha paciencia para que pudiéramos comenzar a trabajar. Desde AAT nos facilitaron un libro sobre el teletrabajo en Europa para que nos informáramos más sobre el tema y nos familiarizáramos con la terminologÃa especÃfica.
En unas semanas recibimos el texto a traducir. 120 páginas. Tablas. Gráficos. ¿Cómo Ãbamos a hacer para lograrlo? Todos sabÃamos la respuesta correcta: trabajando en equipo. Se dividieron las partes, quién traducirÃa qué páginas, quién corregirÃa, quién elaborarÃa el glosario. Se dispusieron las fechas tentativas de entrega. Al comienzo hay que reconocer que hubo una gran desconexión. No acostumbradas a esta modalidad de trabajo, sólo revisábamos los e-mails una vez por dÃa. Casillas que desbordaban. Muchas cosas por contestar. Muchas cosas que ya habÃan pasado y ni siquiera habÃamos tenido la oportunidad de participar.
Poco a poco dejamos de ser meras espectadoras y comenzamos a acostumbrarnos a chequear nuestras casillas varias veces por dÃa. Incluso en algunas ocasiones demasiadas veces. Más vale prevenir que curar dice el refrán. Llegó la primera entrega. Las casillas de mail no daban abasto. HabÃa que hacer algo al respecto. Apareció el PHP Collab. Algo nuevo por aprender. Angélica y Horacio, coordinando la actividad, nos enseñaban mediante el msn messenger cómo manejar ese programa. ¿Cómo se usa el control de cambios para corregir? Ya estábamos a punto de colapsar.
Nuestra primera pasantÃa. Gente desconocida. Demasiadas cosas nuevas por aprender. Trabajando dÃa y noche solas desde nuestras casas. Sin embargo, hubo algo que evitó que sufriéramos un ataque y abandonáramos el proyecto repentinamente: el apoyo constante que nos proporcionaban los demás miembros del nodo. Los coordinadores nunca dejaron de alentarnos, nunca se les acabó la paciencia (a pesar de que motivos no les faltaron). Puede sonar un poco frÃvolo, pero el mail y el msn nos transmitÃan el calor humano y nos recordaban que en otro lugar distante habÃa otra persona que estaba en nuestras mismas condiciones y que nos apoyaba.
En el texto que estábamos traduciendo se abordaba el problema del aislamiento del teletrabajador. Mientras llevábamos a cabo nuestra labor experimentábamos eso nosotras también. Al principio fue difÃcil adaptarse a no tener contacto directo con los otros compañeros de trabajo (ni siquiera por teléfono). También tomamos conciencia de que cuando uno trabaja desde el hogar no es fácil medir el tiempo de trabajo. PodÃamos quedarnos hasta altas horas de la madrugada con la excusa de un párrafo más...una palabra más...
Tampoco fue sencillo para nuestras familias vernos dÃa tras dÃa sentadas en la computadora. Muchas veces nos interrumpÃan, y cuando les intentábamos explicar que estábamos trabajando no lo tomaban de la mejor manera. No fuimos las únicas que tuvimos que adaptarnos a esta nueva forma de trabajar.
A pesar de que nuestra intención era tener el trabajo terminado para mayo, la finalización se dilató hasta fin de año. El intercambio de archivos dio lugar a demasiadas confusiones. Todos nos tuvimos que armar de mucha paciencia para terminar de pulir nuestra labor.
A fines del año pasado volvimos a tener una reunión presencial. Hablamos acerca de esta experiencia y de las cosas buenas y malas que vivimos. Hoy en dÃa, traducimos esporádicamente para AAT y nuestra forma de trabajar ha experimentado un cambio radical. Ahora formamos parte del Nodo Traducciones. Ya no pasa ni un solo dÃa sin que ingresemos a nuestras casillas de AAT. Si algún miembro del equipo necesita ayuda, sabe que puede contar con los demás en todo momento; si surge algún trabajo para hacer, sabemos que no estamos solas sino que somos todo un equipo que trabaja codo a codo; según nuestros tiempos nos vamos organizando para no dejar de hacer nada y poder cumplir con nuestras demás obligaciones. Resultó ser que lo que comenzó como una obligación, una de las tantas formalidades a cumplir para obtener el tÃtulo, terminó siendo un trabajo ameno y constructivo, el cual nosotras mismas decidimos seguir llevando a cabo dÃa a dÃa.
Hoy somos un par de teletrabajadoras que, no sin esfuerzo, lograron manejar estas herramientas antes de que la tecnologÃa las domine a ellas y estamos orgullosas de aportar con nuestro trabajo un granito de arena más en pos del teletrabajo, que no es más que una forma de comunicación entre seres distantes.
Marina Vanesa Recalde
Cecilia V. Amantea
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